Despeche Mode

Posted on abril 24, 2009 por

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This isn´t the way the world ends

This isn´t the way the world ends

 

 

Puede que ustedes me llamen insensible, pero la realidad es que en cuestiones amorosas uno sólo está en busca de su próxima ex. Una prima tuvo la amabilidad de enseñarme una canción de los genios de RBD, llamada “Futuro Ex-Novio”. Es una lástima que ese concepto tan inteligente no haya sido explotado como se debe sólo porque los integrantes sean unas admirables obras de la mediocridad.

Hay gente que ha descubierto esta verdad y es completamente feliz. Se han resignado a no arriesgar sentimientos, a no entregarse a la primera, a querer pero no amar, a no invertir dinero y tiempo en salidas, y a no sacrificar ese importante partido de Indios vs. Atlas con los amigos o aquella planeada sesión de spa y pedicure sólo porque a la pareja en turno se le ocurrió “ir al parque juntos”.

Porque saben que al final de cuentas terminarán con esa persona y con ella se irán todas las ilusiones que se habían hecho juntos, si no es que un par de senos más grandes o una actitud más agradable no se interponen entre la feliz pareja y un tercero. Entonces, los susodichos irán en busca de su nuevo acompañante hasta que una discusión mal planeada o los celos provocados por un e-mail acaben con esa nueva relación, y sea momento de comenzar de nuevo. Así es el ciclo.

Hay personas que en cuanto terminan salen corriendo al supermercado a comprar un litro de helado y reviven todos los momentos que pasaron con el ahora ex mientras se encierran en su habitación a llorar desconsoladamente. Es momento de escuchar PXNDX, de mandar mensajes suicidas a los amigos para que lo consuelen, de canjear el nick del Messenger por uno que critique despectivamente al sexo opuesto (preferentemente se usan lyrics de Ricardo Arjona), y de cambiar el estado del Hi5 a uno que exprese desolación infinita. Después de esto, uno se empieza a aislar con el pretexto de “estar deprimido” y se van al caño todas las amistades que podrían proporcionar ayuda. Como si estar triste significara estar deprimido, caray.

Esto no es malo, pues ayuda enormemente a purgar viejos sentimientos. Soy partidario de que hay pocas cosas como una buena tarde llorando como viuda para reparar una mala semana. Al día o a las horas siguientes el mundo pinta como algo hermoso, algo por lo que vale la pena vivir, y eso es de gran ayuda después de terminar con alguien. El problema empieza cuando la gente se vuelve adicta a estar “depre”, a llamar la atención por su tristeza. Lo sé perfectamente porque actualmente vivo con una mujer que cumple con estas características. Algo que la separa del resto de los seudo deprimidos es que ella lleva 2 años lamentándose. Así de patético como se oye.

En cambio, luego de un par de días perdido en el limbo de la ruptura emocional, hay que ponerse a trabajar. Hay que tirar las fotografías de las parejas, hay que borrar al susodicho del Messenger y de los contactos del teléfono (así como los SMS de su autoría), evitar pasar por su casa y evitar al máximo todo aspecto que pueda inmiscuirte de nuevo en su vida. También es un buen momento para escuchar música nueva, ir sólo al cine, aprovechar las salidas con los amigos antes de que la carrera se los lleve al carajo, hacer abdominales y todo aquello que nos haga sentir felices.

Al diablo con la opresión, podemos ver escotes y traseros en la calle sin culpa ni remordimiento, podemos comprar esa edición especial de 18 DVDs sin la preocupación de ahorrar para el cumpleaños de la pareja, el aniversario o el 14 de febrero, no tenemos que preocuparnos si posteamos fotos comprometedoras en el JetaLibro o aquel comentario peligroso del perfil que podría costarnos la relación. Adelante, zorras, no tenemos nada que perder. Por ahora.

Por ahora porque es imposible permanecer estático. Hay que aprovechar al máximo que aún estamos jóvenes y tenemos pelo. Ya sean relaciones informales (“free”, le llaman), un noviazgo sustancioso, intentos de ligue o un matrimonio (en serio), es verdaderamente genial tener una mujer a un lado (o enfrente y debajo, si hay sexo de por medio) y compartir experiencias. Y una vez que esa relación termine, hay que volver a buscar y empezar algo nuevo. Y así sucesivamente.

Uno sabe cuando es momento de finalizar la búsqueda. Se siente una conexión inexplicable con la otra persona, uno se sabe a gusto aunque haya discusiones, y ese hormigueo estomacal es permanente y no depende de si ese SMS incluía un “te quiero” o un emoticón, o de si esa llamada por teléfono tuvo el descenlace clásico de “cuelga tú”. Eso es innato, no se puede obligar al cuerpo a sentir algo.  Mucho menos a amar. Y eso no tiene madre ni comparación. Oh, sí….

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